Tanto nuestra vida laboral como nuestra vida privada nos exigen la constante consecución de resultados. De hecho, esta necesidad es un gran motivador para el logro personal en todas las dimensiones humanas: mental, emocional, física y espiritual.
El logro de lo que uno persigue es el más importante motivador humano para la acción.
Si consigues un resultado, crece tu sensación de que ejerces el control. Controlas tu vida y eres consciente de que no eres víctima del azar, de las circunstancias o de los demás…
Esa seguridad que obtienes te lleva a desear actuar otra véz para conseguir resultados de nuevo, y así sucesivamente.
Por el contrario, en cualquier ambiente laboral, nos damos cuenta en seguida de que los empleados más improductivos suelen ser los que más se quejan, los que más pegas ponen a todo, los más desmotivados y habitualmente los más insatisfechos consigo mismos y con los demás. Su improductividad les hace sentirse indefensos e inseguros, y tratan de compensarlo adoptando conductas autodestructivas (cotilleos, adicciones, derroches inútiles de tiempo y energía, etc), en lugar de buscar la manera de conseguir más logros en su trabajo diario o de actuar con mayor profesionalidad, aumentando así su motivación y su autoestima.
Existen cuatro tipos comunes de personas:
- El que busca el logro. Suele ser una persona que tiene éxito donde lo busca porque vive enfocada hacia el logro. Se pone metas realistas, y se percibe así mismo como controlado, capaz de controlar y hábil para motivarse. Además, tiene una elevada confianza en sí mismo aunque es flexible y está deseoso de asumir riesgos. Puede tener espíritu de cooperación social.
- El que hace sobreesfurzos para conseguir el logro. Estas personas suelen ser ansiosas, meticulosas y perfeccionistas, y dedican la mayor parte del tiempo a estudiar y a prepararse. Son personas poco empáticas y vulnerables al fracaso, el cual tratan de evitar intentando a toda costa tener éxito. De vez en cuando son optimistas pero viven abrumados por las grandes dudas sobre sí mismos.
- El que trata de evitar el fracaso. Suelen ser personas muy pocos flexibles, que siempre están disconformes con sus compañeros de trabajo, con quienes se muestran intolerante a veces. Están muy preocupados por todas las posibles implicaciones que pueden tener sus propios fracasos y adoptan conductas autoprotectoras del estilo: ocultar información, hacer la pelota al jefe, etc. En general, son pesimistas, temen cualquier clase de desafío o de competencia sana. Pueden tener bajo autocontrol y verse así mismos como unos incompetentes.
- El que acepta el fracaso. No está ansioso ni angustiado, pero tampoco está motivado. Suele tratarse de personas muy creativas, pero al mismo tiempo muy individualistas, excéntricos y ara los cuales el trabajo no es una prioridad.
¿Con que tipo te identificas?
Se sincero contigo mismo en este punto, es clave porque puede darte muchas pistas sobre los posibles cambios de enfoque a realizar para sentirte más motivado.








Estoy de acuerdo con lo que dices sobre el logro, pero falta la motivación esencial, la que surge de la propia actividad, de disfrutar con lo que se hace. Luego habrá o no logro, pero mientras habrás disfrutado. Esa es la fórmula con la que yo me identifico.
Pues yo soy de las que siempre busca sus logros… me encanta plantearme metas y nuevos retos, les invito a todos los lectores a que definan sus sueños, sus metas y disfruten con motivación y empeño cada segundo de sus días, de su trabajo, de sus vida personal. Sueños en movimientos (http://bit.ly/bAwEAf)... es un artículo inspirador, les recomiendo nunca perder de vista su norte.